Una reflexión personal sobre no crecer y «controlar»

by Julen

En general, parece que un negocio lleva implícita la obligación de crecer: objetivos que impliquen «más». Puede tener que ver con entrar en un nicho de mercado nuevo o con desarrollar una nueva línea de producto/servicio. La cuenta de resultados obliga. Hay que presentar datos y no nos podemos permitir el lujo de que la pendiente de la curva no diga que sí, que efectivamente, las cosas van bien y que estamos creciendo. La ambición es la ambición y la competitividad tiene estas cosas. No parece haber plan B. O sí.

En este blog he escrito muchas veces sobre el tamaño de las organizaciones. Son posts a los que he asignado la etiqueta «dimensión humana». Y también lo he hecho, claro está, sobre mi propio proyecto, Consultoría Artesana en Red. Yo, lo digo alto y claro, como negocio no quiero crecer. Eso supone que la facturación, por ejemplo, para que las cosas vayan suficientemente bien, debe moverse en unos ciertos márgenes. No busco más cada año; sirve con que se sitúe, más o menos, en una determinada franja. En mi caso, tengo una referencia: 7.500 euros de facturación al mes (a la que, claro, hay restar una serie de gastos). Así de simple. Es una vara de medir que me sirve. Y no me planteo que cada año deba crecer. Si crece, bien. Si no, también. Lo que me importa es la lógica global de facturar en torno a esas cifras y de un balanceo suficiente entre actividades docentes y de proyectos de consultoría que, a fin de cuentas, son mis dos grandes líneas de trabajo.

Por otra parte, cuando pienso en la estabilidad de mi actividad profesional, tampoco quiero verla solo a través de un marco de tiempo anual. En su momento tomé la decisión de dedicar muchas horas al doctorado y eso quiso decir que los ingresos bajaron. Los años del 2015 al 2018, ambos incluidos, vi cómo la facturación no llegaba a la cifra mágica de los 7.500 euros mensuales, pero ya sabía que debía ser así. Era imposible dedicar un montón de jornadas al doctorado y creer que los ingresos no se fueran a resentir. Tranquilidad.

Hoy es el día en que, si soy sincero, miro más a decrecer que a crecer. Mi ciclo vital es el que es. En casa, mi pareja también trabaja, mi hija es absolutamente independiente en lo económico, y no tenemos cargas financieras reseñables. Por supuesto, hay variables que condicionan esta supuesta sensación de tranquilidad. El equilibrio es, lo mires desde donde lo mires, inestable. Si la pandemia no influyó para mal en mi actividad profesional —más bien al revés—, quién sabe si la locura de la guerra en Europa y sus consecuencias económicas no terminan por modificar, para mal, la composición que me hago. ¿Quién sabe lo que el futuro nos depara?

Cuando digo decrecer es porque mi ciclo vital me conduce ahí. La forma en que interpreto mi presente y mi futuro inmediato pasa por renegociar el espacio que concedo a la actividad profesional clásica y a mis otras aficiones. Por aquí solo pasamos una vez y no tiene sentido alguno hacer mutis por el foro sin haber hecho lo que de verdad queríamos hacer.

Hubo un momento en que mi empresa creció. Puede sonar a chiste. Digo creció y me refiero a que éramos dos personas trabajando bajo el mismo CIF. Bueno, a fin de cuentas fue un crecimiento neto del 100%. Pasamos de una a dos personas y la convivencia con mi colega David al lado fue estupenda. Ni un pero. Fueron buenos momentos que terminaron cuando él decidió aceptar una oferta para volver a la universidad en un cargo de responsabilidad. Tras aquella experiencia de crecimiento, replegué velas, volví a pensar en el doctorado, lo hice y hoy es el día en que no me arrepiento. Pero, volviendo a la reflexión que comparto en este post, mi proyecto profesional siempre ha pasado por lo pequeño, por la relación cercana y, por qué no, por el control.

Sé que, más o menos, lo que tengo a mi alrededor desde una perspectiva profesional, depende de mí. Insisto, hay variables que no controlo. Solo tengo que saber que están ahí, tomar conciencia de que pueden influir, pero hasta ahí. El resto, lo demás, conforma una escena sobre la que siento que llevo el control. Es lo que siento y me sirve.

Image by S. Hermann & F. Richter from Pixabay.

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1 comentario

Ángel Alba 11/03/2022 - 20:52

Gracias por el post Julen. Me siento muy muy identificado con él. Cuando les digo a algunos compañeros consultores que no me apetece crecer, me miran raro. Pero como dices, es lo que sentimos. En mi caso, somos 3 en un CIF y con varios colegas con los que compartimos proyectos (ya sabes, el modelo Hollywood). Mi aspiracion, cada vez mas, es hacer proyectos interesantes con personas interesantes y eso lleva, inevitablemente a descartar el modelo de crecimiento tradicional de las consultoras industriales. Un abrazo

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