El problema de las pantallas en la formación presencial universitaria

by Julen

Hace unos días charlaba con una compañera en la universidad sobre la dinámica en aula y me comentaba un problema difícil de abordar en la actualidad. Hay grados en los que, por defecto, nuestras alumnas y alumnos participan en clase con sus ordenadores portátiles encendidos. Se vienen con sus dispositivos y la clase pasa por una interacción en la que la pantalla siempre está presente. Cuando digo pantalla pensad que si no fuera el ordenador, sería el smartphone. La pantalla ha ganado cuota de pantalla desde la perspectiva del alumnado. Pero la pantalla abre la caja de los truenos, es una tentación para cualquiera porque ahí enfrente, a través de ese dispositivo, se te abre el mundo entero.

En el fondo es una pelea por la atención en la que la pantalla hace daño. Porque, frente a la concentración que podría exigir una determinada tarea, ese dispositivo que tienes frente a tus ojos tiene todas las de ganar para transportarte a cualquier otro lugar, diferente de aquel en el que queríamos que estuvieras para llevar a cabo la actividad docente.

¿Debe haber momentos de pantallas prohibidas? La lógica me dice que sí, pero es una discusión que tiene mucho recorrido porque me temo que en la vida real, la desconexión de nuestros dispositivos también puede generar ansiedad. Viajamos en cierta comunión con dispositivos que actúan a modo de exocerebros casi a tiempo completo. Pero esta sobrecapacidad puede provocarnos, también, ciertos trastornos de conducta. El más evidente, creo, es que nuestra tolerancia a la frustración cae a mínimos históricos. Quiero saberlo ya y, si no puedo, lo llevo mal.

Ese plus que nos aportan las pantallas cambia las reglas del juego en tanto que se ha convertido en una forma de saber fácilmente lo que antes requería de un esfuerzo. No sé muy bien a dónde vamos con esta paradoja de, por un lado,  sobrecapacitación mediante exocerebros, y, por otro, reducción de determinadas habilidades como la tolerancia a la frustración.

En mis clases en el Grado de Business Data Analytics a veces he tenido la tentación de decirles que pongan sus dispositivos en modo avión. En realidad me gustaría pensar que algún día tendremos el modo aula, que abre y cierra determinados recursos para conseguir un entorno significativo de aprendizaje. La lógica me dice que no es blanco o negro: no se trata de apagar los dispositivos o de tenerlos encendidos. Se trata de qué funcionalidades son útiles en el aula y cuáles no.

Mientras tanto, aún no he sido capaz de decirles que apaguen sus dispositivos. ¿Debería hacerlo? Sé que en otras materias experimentan con ello. Sé también que la llegada de ChatGPT ha evidenciado la necesidad de replantear la prohibición (o limitación) de determinados usos. No obstante, no quiero ser negacionista. No me siento cómodo con una prohibición que, de emplearla a día de hoy, es total.

En fin, comparto dudas y preguntas porque lo que sí es evidente es que estar en el aula con chicas y chicos que tienen un portátil encendido delante de sus narices es reconocer, simplemente, que estás compitiendo en atención contra un dispositivo que, como docente, te puede dar muy mala vida.

Imagen de Alexa en Pixabay.

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1 comentario

Amalio A. Rey 19/04/2023 - 13:13

Buen tema. Cada vez soy más partidario de especializar los formatos/espacios. Suena carca, pero paradójicamente lo hace más interesante (casi nunca lo puro es más interesante que lo mezclado, pero en este caso me parece que sí). Si te tomas el trabajo de desplazarte a un sitio para juntarte con gente, o intercambiar en persona con un profe, aprovecha al máximo la presencialidad. Si trabajas desde casa, o desde donde te dé la gana, entonces aprovecha lo digital. Si en el aula se necesita usar la pantalla, entonces que sean «ventanas de pantallas», que se abren y se cierran, para tareas concretas. En la convivencia de pantallas y atención presencial siempre gana la primera por puro diseño adictivo.

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