Ver pasar los autos de la Balco

by Julen

La carretera que pasaba por delante de casa iba hasta Galindo y pasaba primero por la Balco y luego por la General. Allí se cruzaban las vías del tren que comunicaba la zona minera con Bilbao. La Balco era, por supuesto, la Babcock & Wilcox. Pero la Balco era, sobre todo, esa enorme fábrica en la que trabajó mi abuelo. Yo, sin embargo, solo me acuerdo de él ya jubilado. Al trabajo en casa con los animales y la tierra añadía su ocupación en la fábrica. Pero no alcanzo a verle en esa dimensión obrera.

Solo de mayor he entendido el proceso de desmembración de la Balco. Cuando era niño, representaba aquel lugar en el que trabajaba tanta gente como para que mereciera la pena sentarse en las escaleras de casa a ver pasar los autos de los que terminaban su jornada y volvían a sus casas. Era el momento en que la carretera tenía realmente tráfico. Supongo que también sucedería por la mañana, al entrar a trabajar, pero mi recuerdo vive pegado al tráfico de las tardes.

Creo que soy capaz también de escuchar de fondo la sintonía del programa de Elena Francis mientras, sin más, el divertimento era ver pasar los autos. Así de simple. Probablemente con algún bocadillo de por medio porque era hora de merienda. Yo volvía de la escuela y de vez en cuando aquel era el mejor de los espectáculos que podía imaginar: mirar la carretera.

Todo lo recuerdo empequeñecido. Mi casa más pequeña, los coches diminutos, la carretera modesta, el asfalto mínimo con sus permanentes baches, el puente humilde. Los autos bajaban desde el Alto Garay y tomaban una ligera curva hacia la izquierda para alcanzar más adelante el cruce en Urioste. A la derecha hacia Portugalete, a la izquierda hacia Ortuella. Eso era al lado de la casa de Rufina, en donde comprábamos los paquetes de pipas.

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