Vainas y pimientos

by Julen

Nuestras comidas giraban en buena parte alrededor del producto de temporada. En casa plantábamos patatas, cebollas, puerros, zanahorias, alubias, arbejillos (siempre llamamos así a los guisantes), habas, tomates, pimientos… En fin, una amplia colección de plantas y hortalizas que rendían pleitesía al calendario: cuanto tocaba, tocaba.

Y así era como de pequeño recuerdo dos temporadas infernales. Claro que uso este palabra con la ironía que ahora me da la distancia porque entonces, de niño, no podía ni ver a estos dos monstruos inmisericordes: las vainas cocidas y los pimientos verdes fritos. Sobre todo, las vainas, porque sabía cuándo aparecían, pero no sabía realmente cuándo iban a desaparecer. Parecía que se reprodujeran a sí mismas hasta el infinito y más allá.

Vainas y pimientos compartían color verde, aunque con tonalidades bien diferentes. Aquel verde vivo y brillante de las vainas, todavía más encendido aún por el aceite y el vinagre, me ponía enfermo. Aquello era imposible para mi sensibilidad infantil. El asalto comenzaba allá por la primavera y se mantenía firme hasta bien entrado el verano. Plato sí y plato también, vainas como si no hubiera un mañana.

Y luego, allá hacia el final del verano llegaban los pimientos verdes fritos. Al principio más pequeños, pero con el paso de las semanas se envalentonaban y eran cada vez más grandes. Era entonces cuando escuchaba aquello de que venían «con gabardina». Y a veces, por los juramentos que escuchaba en casa, picaban. Sin embargo, era evidente que mis padres y mis abuelos lo disfrutaban.

Mientras, yo callado. Intentando capear aquel temporal que se reproducía cada año. Creo que tuve la suerte de ser un niño bastante consentido con estas cosas del comer. Pero es que aquellas dos temporadas consecutivas que se repetían cada año podían con la mejor de mis actitudes gastronómicas.

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4 comentarios

Rai 21/11/2021 - 09:58

Juash, juash, juash. Genial y muy divertido tu relato, Julen. Me has arrancado una buena carcajada en un domingo otoñal y feo como el de hoy. Abrazos

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Julen 21/11/2021 - 12:01

Para esta época ya nos habíamos deshecho de vainas y pimientos… menos mal 😉

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Iñaki Murua 22/11/2021 - 07:57

A mí, en alguna temporada en Lekeitio con mi abuela, me llegó a pasar con anchoas y bonito. Descubrí las mil maneras que sabía mi abuela de cocinar el bonito (o era atún, que nunca lo he tenido claro, jejeje). Hoy añoro aquellos platos y sabores, claro.

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Julen 22/11/2021 - 18:56

A nosotros la costa no nos quedaba tan cerca, pero creo que la filosofía era la misma 😉

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