La carretera

by Julen

El verano quiso traerme, entre otras cosas, alguna que otra foto de la infancia. Lo que hoy se ha vuelto banal, entonces era un verdadero tesoro. Imágenes en blanco y negro, con una calidad cuestionable, pero que, por escasas, como digo, se convierten ahora en auténticos tesoros. Entre otras fotos, aparecía una en la que se veían las casas vecinas, junto a la carretera.

La carretera era poco menos que un demonio. Así nos la pintaban los adultos. Era ese lugar por el que transmitaban esas armas de matar que eran los autos. Desde muy pequeños nos insistían: nada de soltarse de la mano junto a una carretera. Hay que mirar, sí o sí, a ambos lados. Sin embargo, la carretera que pasaba por delante de mi casa, era, hasta cierto punto, una carretera «amiga».

Solo en momentos puntuales recibía tráfico de verdad. Sobre todo, cuando llegaba la hora de salida de las fábricas. Aquellos gigantes de miles de empleos liberaban a sus trabajadores a media tarde y entonces sí, entonces la carretera tenía tráfico. Pero duraba solo un rato. Luego volvía a su estado natural, con un asfalto más o menos deteriorado que pemitía jugar con los charcos cuando llovía.

Esa carretera cruzaba, muy cerca de casa, el puente. Era un puente con sus leyendas. Aquel coche que se quedó colgando tras un accidente. Alguien que se tiró porque este mundo se hacía imposible. Era un puente que marcaba, de alguna forma, el territorio conocido del desconocido. Aunque es cierto que al otro lado, teníamos una campa que se convertía en el mejor de los camps de fútbol que pudiéramos imaginar. En fin, la carretera siempre fue una referencia para aquellos primeros años en el barrio.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.