La escuela que nunca fue mía

by Julen

No sé por qué, pero no tengo muy buen recuerdo de mis años de escuela y tampoco luego en el colegio. Fueron dos etapas diferentes en mi EGB, la primera allí en el barrio y la segunda con los curas en Barakaldo. Distinguí esas dos fases a través de las palabras: escuela primero, colegio después. Pero en común tuvieron que no siento ni la escuela ni el colegio como un lugar amable y estimultante.

La escuela la asocio a un par de edificios que se antojaban grandes, pero que empequeñecieron con el paso de los años. El recuerdo, en gran parte, se ha diluido. Veo las sillas y las mesas, veo la pizarra y los ventanales de las aulas de primero y de tercero. Veo el antes y el después; veo cómo iba desde mi casa a la escuela y veo cómo, después de clase, jugaba con mis amigos al balón. Pero dentro de las cuatro paredes apenas si soy capaz de enlazar con una imagen concreta de mí aprendiendo… o lo que fuera que pasase allí dentro.

Creo que fui un niño acomplejado. Bueno, no vamos a dramatizar. No me veo como un niño risueño, que deseaba escapar  para verse con los amigos en clase. Mi mundo estaba montado más alrededor de nuestra casa, la última del barrio antes de llegar al puente, algo lejos de la plaza y su entorno. La escuela, a escasos trescientos metros de nuestra casa, la sentía lejana. Había que cruzar la carretera, un muro psicológico de consideración cuando tenías seis o siete años.

Así que la escuela queda emborronada. En la pizarra apenas quedan trazos visibles de la tiza que dibujó aquella primera infancia. Los edificios siguen en pie. Las pocas veces que paso por delante no remueven nada por dentro. Recuerdo que en unas de las últimas votaciones en las que acompañé a mi madre a votar, entramos en el pequeño edificio en el que estudié segundo de la EGB. Todo me pareció diminuto y extraño. Nunca lo sentí mío.

Imagen de Taken en Pixabay.

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2 comentarios

Javier R.Azpilikueta 13/05/2021 - 21:51

Curisoso. Y sin embargo… algo debío de sacar de provecho , porque yo le recuerdo en la Universidad con un porte y una prestancia intelectual… hasta intimidatoria. Un saludo.

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Julen 14/05/2021 - 05:36

Jajaja, será que, como diría mi ama, éramos el «espíritu de la contradicción»

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