Las gafas invisibles

by Julen

Miro al otro lado. En medio, creo, las gafas. Pero no consigo ser plenamente consciente. Miro y veo lo que veo. Es evidente, no hay duda alguna. La realidad es la que es. Está ahí y mi vista, aturdida por tanto pantallazo, echa mano de las gafas. Sí, sé que tengo varios pares, pero no creo que eso influya, ¿no? Al otro lado siempre está lo que está. Yo no me lo he inventado. Simplemente, lo veo. Con mis gafas.

Mis otras gafas, creo, son invisibles. Tengo dudas. Son fruto de mi educación y, me dicen, hasta de mis genes. Son el resultado de no sé que complejo recorrido evolutivo como humano. Vamos, algo no tan sencillo de entender. Son gafas culturales, son gafas de género, son gafas de prejuicio. Cristal transparente. O no tanto.

Estuve mirando por los cajones para ver cuántas de estas tenía. Abrí y cerré un montón. Miré también por la ventana para ver si descubría alguna pista. Mis gafas de pasta jugaban a engañarme. Estaba buscando gafas invisibles y creedme que no era fácil. No porque fueran invisibles, claro; sino porque allá fuera todo parecía ser como siempre. Miraba y miraba y no encontraba pistas que me ayudaran a percibir diferencias.

Un día leí que construimos la realidad. Leí que eso que está ahí fuera sale de aquí dentro. Me convencí de que debía de haber gafas especiales. Es cierto que a veces ahí enfrente, al otro lado de la calle, creo ver matices distintos. Pero nada que ponga en crisis mi confianza en que no soy yo. Es la realidad la que se me impone. Da igual las gafas que me ponga. Soy parte del juego y he perdido la partida. Esa es mi sensación. No consigo encontrar mis gafas invisibles. Como es lógico.

Imagen de Tope Asokere en Pixabay.

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