La taza

by Julen

El agua se deja hacer en el microondas. Dos minutos trienta segundos. Cada mañana, día tras día. Me gusta muy caliente y hace ya tiempo que uso siempre la misma taza. Ahora está aquí, a mi derecha. Sus dibujos de bicis me delatan. El té, a pequeños sorbos. Los dedos por el teclado sin apenas verbos. Es domingo por la mañana.

Diría que casi yace muerta. Su quietud es completa. Observo el líquido pero no hay señal alguna de movimiento. Qué tontería. ¿Debería haberlo? Si acaso antes, cuando el sobre de té proporcionaba color y sabor al agua. Ahora, sin embargo, terminado el trabajo, no queda sino la calma. Por supuesto, la taza no cobra vida como tampoco lo hace el líquido. Son solo mis salidas de tono.

Llevo a cuestas muchos años de tazas y de tés. En realidad no sé colocar un principio. Digamos que en este lienzo de rutinas es una más que forma parte del paisaje cotidiano. Es la primera hora del día y sabe que formará parte de la escena. Quizá aguante una o dos horas aquí conmigo. En realidad, no tiene otra cosa que hacer. Luego volverá, vacía, al armario. Antes pasará por su particular rito purificador, un asunto al que sabe que me dedico con particular encomio. Sé que ella lo aprecia.

Un nuevo sorbo. La insolencia del calor extremo con que comenzó está muy atemperada. Cada sorbo es un descenso por la pendiente del final. No hay nada de particular. Todo como estaba escrito por el guionista, un personaje al que me gustaría, de verdad, conocer algún día. No tanto por entender estos textos, sino por conocerlo y que me explique cómo lleva a cabo su trabajo. No me importa tanto el resultado. Solo quiero saber por qué no abandona la escena. Me lo había preguntado antes la taza, pero no supe qué contestarle.

Imagen de Free-Photos en Pixabay.

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2 comentarios

Juan 13/12/2020 - 08:51

El guionista bebedor de té

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Rosario 13/12/2020 - 13:29

Y lo que cuesta cambiar de taza, siendo un simple objeto

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