La sonrisa

by Julen

Tan simple que quizá olvidamos lo que vale. Dibujada en la cara, puede ser de las mejores medicinas que somos capaces de ofrecer. No necesita ultracongelación ni grandes inversiones en investigación y desarrollo. Nos la han regalado de serie con nuestro equipamiento de serie. Quizá por eso, como digo, no seamos conscientes de lo que representa.

Habrá que hacer campaña, habrá que explicar por qué tenemos que usarla más a menudo. Merece la pena. Es cuestión de jugar con ella, de dejar que gane espacio. Deberíamos ser capaces de hacerla surgir de forma espontánea. Algo así como: por defecto, sonrío. A fin de cuentas, lo mismo cuesta quitarla del rostro que llevarla puesta. Solo es actitud.

Ya sabemos que hay quienes la hay mercantilizado. Sí, hoy se utiliza como técnica y es entonces cuando pierde buena parte de su sentido. La sonrisa elaborada, meditada y destinada a un fin; esa sonrisa juega en otra liga. Tampoco hay que menospreciarla porque mejor esa opción que no su contraria, ¿no? ¿Cuál es el antónimo de sonrisa? ¿Existe? Sea cual sea, ha ido ganando presencia. Mal asunto.

Así pues, ¿por qué no probar? ¿De verdad no te sale fácil? Casi con toda seguridad debamos desaprender. Es una vuelta atrás, a un formato menos elaborado, más relajado. Es convicción personal y también un guiño a la relajación. No hay por qué cargar tanto la mochila, no merece la pena. Y es entonces cuando, al final, no queda sino sonreír. No era para tanto. En cambio, esa sonrisa es pura magia. Hay que practicar. Se aprende sonriendo.

Imagen de Jeong Eun Lee en Pixabay.

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