El libro

by Julen

Cada cual recibió su bautismo. La portada lo anunciaba: autoría y título. Luego un claim. Le dijeron que las leyes del mercado son así. El libro no se vende por sí mismo. Hubo que buscar muletillas. Pero había un ejército de profesionales del claim. Incluso le explicaron que el futuro, si no ya el presente, era de las máquinas. Ellas sabían mejor que nosotras qué frase lapidaria debía acompañar para siempre a su obra.

El libro siempre formó parte de su condición. Se sabía con una obligación de orden superior. ¿De dónde había surgido? La pregunta nunca tendría respuesta. Ella tampoco quiso luchar contra el destino. Porque así lo sentía: su destino era publicar en vida un libro al menos. Y allí estaba, con las manos sobre el teclado; la pantalla enfrente. El espacio vacío que rellenar. ¿Comenzaría con el argumento o se dejaría llevar?

En realidad nunca tuvo duda alguna que el libro aparecería. Si acaso el problema podía ser la forma que adquiriera. Su parte del trabajo estaba hecha, pero otra cosa era dar con la tecla del mercado. Desde siempre escuchó la frase. El mercado. El lugar del que procedían los azucarillos de autoestima. Siempre el mercado. La palabra martilleaba sus neuronas una y otra vez. Sus textos tenían que plegarse al estándar. El libro nunca renunciaría a su tiranía.

El tiempo pasa y el libro aún no termina de aparecer. Sabe que terminará por hacerlo, pero también es consciente de que la exigencia para consigo terminará por ceder. El claim espera. La lectura automatizada y el poder de la persuasión. Quizá eso nunca entró en sus planes. Por eso abrió los ojos y se puso la venda.

Imagen de Angel Hernandez en Pixabay.

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1 comentario

amalio rey 06/12/2020 - 15:31

jjj… qué familiar me suena todo, don Iturbe-Ormaetxe 🙂
El mío creo que va a renunciar a esa tiranía porque el claim se hace de rogar. Lo termino en diciembre o enero, sí o sí. Ya veremos después qué dice el mercado, pero soy bastante escéptico…

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