Teclado

by Julen

¿Un objeto? El teclado. De nombre, Qwerty. Letras en blanco sobre fondo negro. Algunas desgastadas ya, pierden presencia. Son las más golpeadas, las más repetidas. ASE: las tres con mayor deterioro. ¿Qué hacer? En realidad me las sé de memoria. Da igual que desaparezcan; sé que seguirán ahí. Mis dedos se desplazan, mis dedos se equivocan, mis dedos sobre el teclado. La pantalla escupe el texto. La misma secuencia de siempre. ¿De qué me extraño?

Uso un teclado externo. Una prótesis para que los dedos acaricien mejor las teclas. No siempre. Hay veces, cuando estoy por ahí fuera, que el teclado se queda aquí de vigilancia. No sé lo que hará cuando se queda solo, yo no le suelo decir nada. Supongo que tendrá sus conversaciones con el ratón. Llegaron juntos y así continúan. Uno al lado del otro. El teclado negro, el ratón negro. Respetan sus distancias, pero sé que se llevan bien. Si no, lo hubiera notado algún día en todo este tiempo que comparten espacio.

Hay otras teclas apenas utilizadas. Son las teclas de la periferia, las teclas de función. Están ahí, las veo. Aburridas, ajenas al ajetreo habitual de los dedos, esperan con paciencia. ¿Esperan? ¿Desesperan? No lo sé. En el laboratorio alguien pensó que debía de ser así. El equipo de diseño decidió su lugar. Preguntaron y apenas hubo respuesta. Qué más daba. Terminaron por repartirlas allá en la fila superior. Ellas no opusieron resistencia y así quedó el tema. Asunto resuelto.

Mi teclado es inalámbrico. Imagino ondas, imagino conversaciones con la pantalla, imagino silencios y errores. Todo lo imagino porque se escapa a mi comprensión. Miro y no veo las ondas. Por eso no me queda sino imaginarlas. Entonces compongo una escena en la que el teclado en realidad tiene cerebro y corazón. La pantalla se deja hacer. El ratón se mueve. Las ondas lo rodean todo y terminan por convertirse en una cárcel de la que nadie puede escapar. Yo tampoco. Por mucho que lo agrupe todo en una categoría que dice ser escapatoria. No puedo escapar. Y el teclado se va. Muy amable, me dice adiós.

Imagen de ROBERT SŁOMA en Pixabay.

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