Rápido

by Julen

No hay segunda opción. Cuanto antes. Ya tenía que estar hecho. ¿A qué estás esperando? La peor decisión es la que no tomas. Así que todo va acelerado. ¿Acaso puede ir de otra manera? Si llegas antes, triunfas. Lo puedes aplicar a cuantos ámbitos de la vida quieras. Es un estándar, un acuerdo tácito que, no obstante, se vocifera a cada instante. Es la vía única, la de un tiempo que nos histeriza.

Claro que también nos venden slow. Tienen que competir y llegar a que lo escuchemos dentro del griterío general. Slow consumido por el sistema, integrado en el discurso general. Es más de lo mismo. Es la vacuna, es el antídoto, es gatopardismo en estado puro. La velocidad es la reina del mambo. No hay más que mirar cómo le rendimos pleitesía. Es ideal olímpico. Es éxito.

No hay final. No existe el punto de llegada. Cuanto más rápido, cuanto más aceleras, más flexible se vuelve la recompensa. Cuando llegues desaparecerá porque solo así podrás esforzarte más. Prueba de otra forma, inténtalo. Aprieta. Puedes llegar antes. Necesitas más watios, necesitas energía adicional, sea por lo civil o por lo militar. La alegalidad siempre está de tu parte. Vas a consequirlo pero tendrás que asumir riesgos.

Así que la rapidez te saca de tu zona de confort. Otro discurso repleto de sitios comunes. Un viaje en el que te dicen que importa el camino. Siempre que no te pares, que no te detengas a disfrutar. No tiene sentido no avanzar. Todos a tu alrededor lo hacen. No te dan opción. O pedaleas o te caes. Y cuanto más deprisa, cuanto más rápido, más tienes la certeza de que seguirás viva. Rápido. Todo lo que puedas. Es tu vida.

Imagen de Christine Sponchia en Pixabay.

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