Ahí fuera

by Julen

Allá por marzo comenzó a ser diferente. Ahí fuera, aquí dentro. Nos dijeron que debíamos quedarnos dentro. Comenzó un diálogo inédito con las paredes, con los objetos que siempre habían estado ahí. Fue una conversación impensable hasta entonces. Creimos que tendría un inicio y un fin, creimos que sería pasajera; algo así como un mal sueño. Pero de nuevo estamos volviendo a mirar por la ventana y pensar que ahí fuera nada va a ser como antes.

Nos dicen que estamos en alerta ámbar. Nos lo explican todo en base a semáforos, a fases, a números. Intentar simplificar y cada vez es mas díficil entenderlo. Entre el desastre, no estamos tan mal y ya estamos saliendo nuestra capacidad para comprender no está en su mejor momento. Se trata de reducir algo tan consustancial a nuestra humanidad como el contacto. Lo fundamental, explican, es no interactuar sino con nuestro círculo más cercano.

Miramos los gráficos para descubrir el impacto de una segunda oleada. Pero no se puede comparar con lo que vivimos en la primavera. De nuevo nos lo intentan explicar. A cada palabra para argumentar que aprendimos le sigue la triste realidad de los datos. Además, bajo la sospecha de que esas cifras no son las de verdad porque esas, las de verdad, nadie las sabe. Excepto quienes se contagian y pierden su salud. Saben que son un número.

Las voces expertas alertan y dibujan una escena que la mayor parte de las veces es mucho peor que la nos comunican las autoridades. Se establece una pelea entre la ciencia y el resto del mundo. Dicen que hable la ciencia y no la política. Dicen que hable la ciencia pero es la economía la que exige matizar las palabras de la academia. El mundo, mientras tanto, ahí fuera vuelve a ser sospechoso. Aquí dentro, la cámara, el teclado, las parades, los amuletos, las cortinas. Miro por la ventana y me callo.

Imagen de Hassan Alarady en Pixabay.

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