Hacia dentro

by Julen

Debería de ser de otra manera. No lo sé, supongo que sí, que no es sano tragarse sapos y culebras. Pero no soy yo quien gobierna parte de mis reacciones. Bueno, sí, soy yo, pero reconozco que no tengo excesivo control sobre ciertas cosas que pasan. Nunca he sabido muy bien por qué, la verdad. En cualquier caso, es real: sucede que algunos hechos quedan marcados de tal forma que no hay manera de que salgan de dentro.

Me sé la teoría. Uno no puede ir cargando la mochila de esta forma. Hay que dejar fluir, hay que oxigenar la conciencia y abrir ventanas para que entre y salga aire. Sin embargo, ciertos acontecimientos se quedan a vivir ahí dentro. Algunos de por vida, otros –menos mal– solo durante cierto tiempo. ¿Por qué esa obsesión por volver y revolver mi interior? Algo deberá haber en cada hecho en sí que lo graba a fuego y queda ya fijado en las paredes internas de mi cueva.

Hacia dentro, una y otra vez. Sí, hasta cierto punto me he acostumbrado y procuro llevarme bien con mis miserias. ¿He dicho miserias? Es que en gran parte lo son. A veces sueño con todo ese universo de ineptitudes que sé que me acompañan. Parecería que en la vigilia soy capaz de desprenderme de su presencia, pero en cuanto bajo la guardia, ahí están, al acecho. Y vuelven, vuelven hacia dentro.

Cuento esto porque hay momentos concretos en que la tensión crece y me veo en riesgo. Hasta ahora siempre ha habido un ángel de la guarda que ha mantenido a raya a toda esa caterva insurgente. Pero puede que algún día no sea así. Quién sabe. Respiro hondo e intento que se haga corriente de aire. Es otra forma de autoengaño porque ya sé que siguen ahí, moviéndose en una espiral que conduce todo ese torrente no hacia fuera sino cada vez más dentro. ¿Hasta reventar?

Imagen de Tope Asokere en Pixabay.

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