Lluvia

by Julen

Fuera se ve llover. Tras los cristales, ahí fuera se ven ya charcos en el suelo. La gente se pega a los edificios. Todavía no se ven paraguas. Llueve y es entonces cuando cambia la percepción. Arriba las nubes han desplegado su manto y tiñen de gris la mañana. Tras los cristales se ve llover. Pego la nariz a la ventana y me imagino ahí abajo, quieto en una esquina. Esperando. Mientras llueve.

Me gusta la lluvia. Baja decibelios y acuna el pensamiento. Las ideas llegan más despacio y se quedan a jugar entre las nubes de algodón. Van y vienen, sin prisa aparente. La lluvia atempera el ritmo y relaja la tensión. Es momento de un té para volver a acompañar la mirada, que se había perdido entre el agua. Continúa lloviendo. Suave suave.

No parece que vaya a terminar pronto. El color gris lo impregna todo. Pero nada que tenga que ver con la monotonía. La gama es muy amplia. La lluvia se deja querer por muchos diferentes tipos de grises. Su fuerza y cadencia dependen de la variedad cromática. Hay lluvia que se sabe breve e intensa y esta otra que propone una partida mucho más larga. Como estamos ya cerca del verano, se agradece la oferta.

Me alejo de la ventana pero me llevo la lluvia en la retina. Me siento de nuevo delante del ordenador, compañero de fatigas en las últimas semanas. Nuevo post. Los dedos van repartiendo pulsaciones aquí y allá mientras ahí fuera, tras los cristales, veo que la lluvia me hace bien.

Imagen de Free-Photos en Pixabay.

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