El COVID19 en la intimidad

by Julen

Creo que nunca antes había sentido un virus tan cerca. Supongo que no porque no los hubiera, sino porque o tenían nombres conocidos o eran tan de casa como la familia. Mi filia por los asuntos médicos y por lo que la biología define como un agente infeccioso microscópico acelular era más bien reducida. Más viral que vírico, mi conciencia no era tal. El COVID19, el coronavirus, cambió las reglas del juego. Hoy los estándares dejan de serlo y nos hemos encontrado, de repente, un nuevo normal que es capaz de ensañarse, maldita sea, con la gente mayor. Y no, no hay justicia poética que valga.

En la intimidad es como todos los demás. Eso sí que me ha sorprendido. Cada cual lucha para ganar su partida y el virus no parece hacer nada que no hicieran sus colegas. Todo tiene que ver con su novedad. Henchidos como estamos de pleitesía tecnológica, el virus aterriza nuestra euforia. Los entornos VUCA que rellenaban tantas diapositivas se transforman: los bits mutan en átomos y nos baquetean con la lógica imperfecta de nuestra naturaleza humana. Siempre han estado ahí porque somos material genético y esa fiesta siempre les ha reservado su hueco.

Frente a frente, si le miras a los ojos, no puedes sino entender que su lógica es nuestra lógica. Quiere lo que tú y yo: atención, ganar cuota de pantalla, saberse reconocido y vivir. En el fondo, se trata de vivir. ¿Matar? Bueno, es parte del juego. Enrocado en su argumento darwinista, el virus sale a hacer su trabajo, con la constancia y la fe de quien no tiene nada que perder. En su mocedad y hasta que no le lean la cartilla, el COVID19 no hará caso a nadie; solo a lo que le sale de dentro. Ya ves que son argumentos para nada desconocidos. En la batalla por la supervivencia, cada cual juega sus cartas.

Mientras, el experimento termina por adquirir una dimensiones siderales. Te asomas a la ventana e imaginas que está ahí, en cualquier parte. Es ubicuo, silencioso, casi diríamos que retraído. Su aspecto es el que tu quieras imaginar. Las pantallas omnipresentes vomitan imágenes a discreción para que nos hagamos una única idea, pero eso no impide que uses tu imaginación. El virus te mira. Sin acritud, es ley de vida. Como ayer, como hoy. Y no dejará de suceder. Te asomas a la ventana y te sientes extraña. Ahí abajo muerte y vida se dan las manos y hacen las paces. La partida continúa mientras recuerdas el nuevo normal. Otra vez el jabón resbala entre tus manos.

Imagen de jacqueline macou en Pixabay.

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