La sueñería

by Julen

Esta noche, mientras dormía, he soñado con algo extraño. En una casa que, sin ser la mía, presentaba aspectos reconocibles, una habitación al fondo decía ser la «sueñería». Un cartel lo dejaba bien claro. Dentro se mezclaba de todo: orden y desorden, objetos diversos, sillas, libros, juguetes de peluche o cubertería repartida por varias alacenas. Todo en blanco y negro, a veces escondido detrás de una especie de bruma.

Poco a poco comencé a entender qué era todo aquello. Eran sueños, no había duda alguna. Eran objetos asociados a sueños que habían ido a parar a aquella habitación. Mitad reales y mitad imaginados, los objetos se diluían cuando fijabas la vista en ellos. El asunto era que, si no abrías la habitación, todos y cada uno de aquellos objetos eran reales. En cambio, al entrar en ella los sueños comenzaban a desperezarse y lo cubrían todo.

La primera vez que entré intenté repasar todo lo que allí se podía ver. Miraba y miraba para encontrar los puntos de conexión. Los sueños iban y venían. Jugaban a despistarme y bien que lo conseguían. No había forma de fijar nada en la memoria. Parecía que hablaban entre ellos y a veces me parecía que se reían de mí. Leves cambios de disposición o incluso de color me llenaban de dudas.

Por fin decidí que lo mejor era salir de allí, cerrar la puerta y no volver a entrar. Los rayos de sol entraban en diagonal por una de las ventanas del pasillo. Las motas de polvo suspendidas en el aire se desperezaban. Caminaba despacio por el pasillo dejando atrás la sueñería. No tenía sentido regresar porque los sueños, como todo el mundo sabe, solo son sueños. Y no hay habitación en la que puedan vivir. Eso sí, volví la mirada y el cartel seguía allí: Sueñería.

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