La metáfora de la costa

by Julen

El viento sopla y las nubes se empujan unas a otras. Se las ve ahí enfrente, cada vez más amenazantes. Los tonos grises, por momentos casi negros, van ganando presencia. La brisa quedó atrás y ahora el aire sopla con fuerza mientras alguna que otra gota toma la delantera. Miras a tu alrededor. Ahí no queda nadie. Si estás en tus cabales ya sabes lo que espera. Date la vuelta y vete.

Elegiste un mal día para acercarte a la costa. Eso pensaron. Pero tú ya sabías lo que ibas buscando. Nada que pudieran adivinar, nada que diera pistas. Elegiste con cuidado el itinerario hasta llegar a ese lugar. Ahí, a cuestas con toda la soledad de que eras capaz, solo tenías que esperar. Las previsiones las conocías de sobra. No había escapatoria y tampoco hubieras querido encontrarla.

Eso sí, no sé muy bien por qué elegiste ese día. Algo debió provocar el cortocircuito. Siempre intentaron explicarlo a partir de la química de tu cerebro. Allá todo hervía. Daba igual el viento, las nubes, la costa. Solo era la escena para sacar a pasear los errores de tu química cerebral. Pensaste que aquel lugar acompañaba bien a aquel revoltijo de sensaciones. Lo pensaste y lo hiciste.

La costa siempre fue tu metáfora. El mar allá abajo con su oleaje recursivo. No importaba que no lo entendieran. La costa siempre fue tu metáfora. ¿Qué pasó? Quién lo sabe. Hace ya mucho tiempo de aquello.

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