Competitividad responsable: directrices éticas para una inteligencia artificial fiable

by Julen

Sigo leyendo sobre ética aplicada a la inteligencia artificial y al análisis de datos masivos. En concreto, me he detenido a repasar con detalle un documento publicado en abril de 2019 por el Grupo Independiente de Expertos de Alto Nivel sobre Inteligencia Artificial creado por la Comisión Europea en junio de 2018. Se trata de Directrices Éticas para una IA Fiable. El grupo de trabajo lo coordina Nathalie Smuha y en él participan 52 personas de diversos países de la UE. Desde luego se puede escribir mucho a partir de este documento, pero de momento me quería detener en un concepto al que se alude en bastantes ocasiones: la competitividad responsable.

En el fondo, si hay que resumir la propuesta que llega desde este grupo de expertas y expertos, la idea clave es ponerse al servicio del ser humano. Esa es la clave. En el documento se dice, por ejemplo:

[…] es necesario que los sistemas de IA se centren en las personas y se fundamenten en el compromiso de utilizarlos al servicio de la humanidad y del bien común, con el objetivo de mejorar el bienestar y la libertad de los seres humanos.

O también:

La IA no es un fin en sí mismo, sino un medio prometedor para favorecer la prosperidad humana y, de ese modo, mejorar el bienestar individual y social y el bien común, además de traer consigo progreso e innovación. En particular, los sistemas de IA pueden ayudar a facilitar el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, como la promoción del equilibrio entre mujeres y hombres y la lucha contra el cambio climático, la racionalización del uso que los seres humanos hacemos de los recursos naturales, la mejora de la salud, la movilidad y los procesos de producción y el seguimiento de los avances en los indicadores de sostenibilidad y cohesión social.

Por supuesto, detrás de todo este discurso está la preocupación por el simple hecho de que muchas prácticas van en sentido contrario. La competitividad responsable tiene que ver con límites éticos, pero parecería que el discurso desde la inteligencia artificial y los datos masivos tiene que ver, en cambio, precisamente, con la ilusión de romper cualquier tipo de límite. Lo que antes, como simples humanos, era imposible de alcanzar, ahora resulta que está al alcance de las manos. La adoración al dios de la tecnología hace saltar por los aires los límites que nuestra naturaleza humana nos había impuesto.

Añadir «responsable» al objetivo de la competitividad tiene que ver con aceptarnos en un campo de juego en el que nos imponemos límites. Tienen que ver con la ética. ¿Hasta qué punto podemos confiar en que las grandes corporaciones aceptan los límites? El mantra de maximizar el beneficio para el accionista está ahí. Las cifras de enormes beneficios económicos con unas plantillas de trabajadores reducidas a su mínima expresión son recibidas por el sistema con todo tipo de parabienes. Hoy hablamos de las organizaciones exponenciales con tasas de crecimiento que desafían a la lógica y en las que las personas somos cada vez más irrelevantes.

La competitividad responsable exige discutir acerca de los límites. Sirve para la inteligencia artificial y el análisis de datos masivos y sirve para los negocios en general. Como seres humanos no podemos montar sobre un caballo desbocado al que, además, se le golpea con la fusta como si no hubiera un mañana. Me temo que hoy por hoy los discursos que provienen del nuevo poder de los algoritmos siguen reforzando el círculo de la competitividad irresponsable. Alguien tiene que parar la máquina.

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