Crepita

by Julen

Tres meses después, crepita. No hace falta demasiado. Simplemente con ciertos movimientos de la mano sobre la piel, laterales o en círculo, lo sientes. Está ahí debajo, como si pisaras nieve. Ahí, en algún lugar, el edema provoca crepitación. O eso dicen. Yo ya no sé muy bien qué pensar. Quizá estuvo ahí desde el principio y simplemente ha encontrado el hueco que siempre quiso. Tan a gusto está que no puede evitarlo. Es su forma de decirme que sigue vivo: crepita. Quizá lleguemos a entendernos. Ayer, sin ir más lejos, después de que él tuviera su momento de gloria nada más despertarse por la mañana, decidió dejarme en paz. Salí con la bici con la incertidumbre de quien lleva un pasajero ahí en la rodilla. Fueron unas pocas pedaladas y de alguna forma me dijo que sí, que se retiraba a sus habitaciones. Vía libre.

Supongo que algún día se hartará de mí. No creo que se atreva a quedarse ahí para siempre. Conste que no dudo de que su derecho a manifestarse, aunque en algún momento se cansará. Él de mí o yo de él. O quizá sea un acuerdo amistoso entre las partes. Prefiero pensar que nos acabaremos llevando bien. Yo, el edema y sus crepitaciones. Ayer, de alguna forma, creo que me engañó porque había vuelto a aparecer en los días previos. Sorpresa hasta cierto punto, resurgió la crepitación. Tendré que ver qué hacemos. Este lunes me acerco de nuevo al traumatólogo en un juego que todavía no deja ver su final. Intentaré explicárselo: la rodilla crepita. ¿Es normal, doctor?

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