Lugares

by Julen

A medida que nos vamos haciendo mayores vamos entresacando del reguero de experiencias aquellas que pasan a formar parte de lo que somos. ¿Por qué unas entran y otras no pasan el corte? Cada cual que lo explique si es capaz; yo me dejo llevar. Aquí, junto al mar, a primera hora de la mañana, algo hay que ha conseguido hacerse un hueco en lo que uno es.

Apenas si hay olas. La playa se extiende en el horizonte sin prisa alguna. La luz crece despacio y el calor aún no lo es. Una pequeña colección de humanos pasea al borde del mar. Cada cual juega con su rutina y elige una particular forma de hacer el camino. Llevan encima sus pensamientos. O a lo mejor huyen de ellos, quién sabe. El caso es que caminan.

Primero en una dirección y luego en la contraria. Da igual por dónde empiezas. El camino de vuelta es siempre el mismo. A pesar de que varíe la ruta, todo concluye en el mismo lugar de partida. Cada año  se observan ligeras variaciones para componer un cuadro que resiste el paso el tiempo. El lugar queda atrapado en un devenir que parece inmutable.

Hay lugares que ganan la partida y acaban por quedarse con uno. La simple repetición de volver a su encuentro es fuente de sosiego y tranquilidad. Son las viejas rutinas que nos acaban atrapando; una extraña zona de confort que juguetea a sacarnos la sonrisa. Con su pizca de melancolía, por supuesto. Con su pizca de melancolía.

 

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