Cuestión de esperar

by Julen

El traumatólogo me lo ha dicho varias veces: tienes que tener paciencia. Claro que yo me tengo por una persona tranquila. Casi no recuerdo la última vez en la que perdí los nervios. Quiero pensar que me siento bien así. Si no se puede, no se puede. No pasa nada. ¿Entonces?

Los días pasan, uno detrás de otro. Las rutinas en todo este tiempo cambian. Es cuestión de reducir la actividad física habitual. Hay un problema concreto, un edema en la rótula. Y no se va. Es cuestión de tiempo, de paciencia. Ya me lo dice el traumatólogo. Este próximo martes me lo dirá de nuevo. Tienes que tener paciencia.

Ayer sábado probé. ¿Para qué? La cabeza iba a vencer de todas todas; no había posibilidad alguna. Incluso con pulsómetro. Sí, me procuré mi dosis de autoestima y salí. Doscientos metros después todo volvía a estar en su sitio. A los escasos cinco minutos entraba de nuevo en el garaje junto a mi paciencia. Los dos de la mano, en bici. Yo pensativo. Creo que ella no quiso hacerme daño y calló.

Esperar, tan sencillo como eso. En algún momento perdimos la cadencia natural de los hechos. Había que acelerar. Acelerar el proceso de recuperación. El tiempo se escapa, las vías de agua son tantas que no merece la pena. Me acordé de la sonrisa en los labios. Y pensé que, en el fondo, tenía suerte.

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