Escapatoria

by Julen

Debe de ser que ella me lo dijo  y yo no tuve opción: escapatoria. Este sumidero de palabras debía servir para huir a otro lugar. Cuando lo escuché no me costó mucho aceptarlo. ¿Para qué escribes? Aunque por un momento las yemas de los dedos se quedaron inmóviles, enseguida comprendí la lógica. Escribir, escapar. ¿Acaso hacía falta? Lo inventé y se quedó a vivir conmigo.

Ahora, ni sé el tiempo después, reconozco la batalla perdida. Casi siempre, cada siete días, la escena se repite. Las palabras se empujan unas a otras, se enredan y desenredan unas cuantas veces y, al final, desfilan con cierto orden. Se miran mientras se reconocen en cierta recursividad. Las hay perseverantes, eso queda claro. Aquí están. De nuevo. Y son muchas, muchas veces las que sucede lo mismo.

En la habitación que da al fondo impera cierto desasosiego. Una decepción comprensible porque el destino las ha escondido a la vista. Se aprecia enseguida en sus miradas. Son palabras perdidas, derrotadas, cabizbajas. Las veo deambular. Se acercan a la ventana y se escucha algún que otro suspiro. Incapaces de entablar conversación, optan al final por disolverse.

Así que la habitación del fondo se vacía y vuelve el silencio. Fuera, en cambio, la algarabía de las otras palabras, las que se ríen, gritan y muestran una repentina felicidad. No importa que destilen inseguridad o que alimenten monstruos. El caso es que han podido escapar. Se empujan unas a otras porque no se lo acaban de creer. Y es entonces cuando alguna se acuerda de esta otra amiga que dejó atrás. Palabras rotas que no volverán a ser lo que fueron simplemente por el capricho de mis dedos.

 

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