La mesa que quería conocer mundo

by Julen

Objetos aquí y allá. La ventana, el día gris y lluvioso ahí fuera, desapacible. Una pantalla, un portátil. El móvil por algún lado. Dos cuadernos, una libreta. Un cierto orden entremezclado con un buen número de manías. Y no van a menos. Un botellín de agua en su sitio, sobre su pedestal. Un calendario.

Piolín en bici, un extraño y diminuto amuleto. Y un antiguo coche de carreras, de madera, con el número veintidós. Cada cual en un lugar aproximado. Se miran y se reconocen. Son tantos años que se saben a salvo de cualquier arrebato. Incluso cuando la mesa queda limpia; incluso entonces, ellos siguen ahí.

El teclado, negro. El portátil blanco. Con sus cables, también níveos, que se escapan hacia una toma de corriente escondida bajo la mesa. Algún que otro libro junto al cubilete repleto de reliquias para escribir. Y un pequeño cesto de mimbre con más objetos absolutamente innecesarios que viven en rebeldía, ocultos a la policía del orden y la razón.

La mesa aparenta silencio. Se deja querer porque ofrece garantías para cualquier secreto. Mañana continuará más o menos igual. Serena, callada, ajena al trabajo cotidiano. No es asunto suyo. Eso creía. Hasta que un día me dijo que quería conocer mundo.

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