Fracasos y más fracasos

by Julen

Whirlwind
Plenos, insolentes, poderosos. Fracasos como parte de lo que somos. Reflejos de múltiples imperfecciones, humanos al fin y al cabo. Pereza, incompetencia, rendición. La lista es larga, cada cual con su correspondiente justificante. No pude, no quise, no era el momento. No. No llegué. Y al lado, tanta otra gente que exalta el sacrificio, el reto, el logro. Y tú y yo a la sombra de nuestros fracasos.

A veces complejos de comprender. Hay épocas que parecen más propensas a los desastres. A intentarlo y no conseguirlo. O a ni siquiera intentarlo. O a ni siquiera imaginarlo. Imposible en mayúsculas. Las pantallas, en cambio, todas retransmiten el éxito y la épica de la conquista. El modelo se nos reproduce hasta la saciedad. Hay que inventar retos y embadurnarlos de auténtico desafío. Y, además, hay que contarlo.

Porque el silencio del fracaso no hace sino cultivar nuestra miseria. Alrededor de un remolino que solo conduce a más vacío. Ahí, en el mismo centro, sabemos que no hay nada. Pero el viaje es de dirección única. De fuera hacia dentro, fuerzas centrípetas que hacen su labor. Sin apenas energía de por medio, sin apenas un grito, sin levantar la voz. Nos arrojan, como basura.

Mañana es lo queda de esperanza. Mañana será distinto. Mañana cambiarán los vientos. Será porque sí, porque estaba de ese lado. Esperamos otras corrientes, otros ánimos. Mañana olvidaremos el fracaso, mañana será otro día. Y mientras llega, nos acurrucamos para aguantar el frío. Toda esa energía que emana de las pantallas parece no tener fin. Malditas. Fin. Desconexión.

La imagen es de Jonathan Lin en Flickr.

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