La costa

by Julen

Camino sobre el mar en el Cabo de Gata #MediTB15

De repente te das cuenta de que ha desaparecido. Juega al escondite. El camino serpentea enredado por entre las laderas próximas a la mar y, claro, es normal. De vez en cuando gana la partida. Pero no importa. Sabes que volverá a aparecer porque has elegido rodar por una línea imaginaria que nunca la abandona. Y aunque sometido a los caprichos de la orografía, el sentido común prevalece. La costa no huye. Su fidelidad está fuera de toda duda.

La costa atrae la mirada. Pudieras pensar que el horizonte será muy similar en todas partes. Pero emerge tal cantidad de matices que no te cansas de volver la vista hacia ese plano sin fin. Azules a veces, cielo y mar. Grises envueltos en nubes, más perezosas o más amenazantes. Gris claro y gris oscuro. Casi negro. Y el sol poderoso que se esconde o se despierta para inundar todo de ocres. Elige si puedes.

No hay color. La costa sigue ahí, a veces tras esa ladera, a veces a tu lado con el ronroneo de las piedras acunadas por la marea. Caminos que bordean la mar. A veces dinamitados por el progreso. Ladrillos, la mano del hombre que modifica el paisaje. Entonces hay que callar y dejar que las ruedas recorran el paseo junto a la civilización. Hasta el próximo camino.

Una costa imaginada que espera las siguientes pedaladas. Kilómetros y kilómetros de confidencias. Pensamientos que van y vienen. Una línea de costa que va y viene. En breve de nuevo junto a ella.

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