La brisa y el horizonte

by Julen

Horizonte

Mientras caminas junto al mar la brisa te acompaña. Siempre está ahí. Puede que algún día remolonee más de la cuenta. Pero termina por ocupar su lugar. Es una brisa cómplice, tranquila, reparadora. Rebaja la tensión y facilita que los pensamientos fluyan. Que las emociones fluyan. Que el mundo se mueva despacio. Pero que se mueva.

Los pasos acompasan su ritmo. Las olas juegan como niñas y repiten una y mil veces su ir y venir. No hay nada más hipnótico. Es una repetición infinita, que no da pie a la diferencia. Si acaso mínimos detalles en un acto que parece proyectarse hacia el más allá. La brisa, las olas, los pasos. Todo en la misma dirección.

Levantas la mirada y encuentras el punto en que el azul del cielo y el azul del mar se dan la mano. Parece distante. Parece irreal. ¿Se podría llegar a ese lugar? Qué tontería. Todo el mundo sabe que no existe, que es tu imaginación la única capaz de transportarte allí. Los barcos se ven pequeños y terminan por desaparecer. Nuestra capacidad para ver llega hasta donde llega.

Así que no hay por qué acelerar el paso. El suelo continúa a la misma distancia. No hay escapatoria en este cuadro perfecto. Cada parte representa su rol. La brisa se escapa al pincel y se burla de los colores. Se sabe en otra dimensión aunque atrapada en la escena. Cae el sol en el horizonte. Como cada tarde.

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1 comentario

andua 10/06/2014 - 09:52

No hace falta ni estar en dicho escenario, la sola lectura del artículo despeja la mente. Felicidades.
Si un día quieres multiplicar esas sensaciones te invito a que navegues conmigo a vela.
Un saludo.

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