Precisión

by Julen

ManosEn ese momento no hay nada más. La mano y la mirada son solo uno. Las flechas apuntan hacia un solo lugar. Es el centro. Diminuto, poderoso. Actúa como un imán. Sea lo que sea, sucederá allí. Y lo más sorprendente, en el último momento la atención se relaja para dejar que los hechos, como siempre, ocupen la conciencia. Se aparta y la mano, sin apenas esfuerzo, lo hace.

Da igual preguntar. No hay respuesta que sea capaz de explicarlo en palabras. Solo poniéndote en su misma situación, con los mismos sentimientos, podrías intentarlo. Solo así se consigue entender por qué ahora es así. Otro asunto bien distinto sería el de escarbar en la memoria y recrear los miles de movimientos previos que precedieron al instante actual. Una rutina que por no serlo ha llegado a ser arte.

Así que podría decirse que es natural. Hoy lo es. Es lo que tiene que ser. Es la manera en que la condición humana expresa esta capacidad. No hay error porque no hay sitio para él. El hueco es tan diminuto que solo cabe allí, dentro una precisión iunevitable. La herramienta también pierde valor y aunque sin ella nada es posible, lo que inunda todo el espacio es el movimiento de la mano. La mirada antes y después. En el momento exacto, la mano.

Atemporal, el instante como tal es irrepetible. Porque la rutina solo es cómplice de quien no mira con los ojos de la ingenuidad. La obsesión por comprender y enjuiciar dinamitan el encanto. Así que ni lo intentes. Mejor seguir admitiendo que ciertas cosas se burlan de nuestra comprensión. Ha sido así y lo seguirá siendo. Sobran las palabras; la mano repite el movimiento y se hace el silencio. Ya está.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.