Mateo

by Julen

sillaSu silla espera, paciente. Ajena a la energía de los cuatro años de Mateo. Se pregunta si se sentirá cómodo porque nunca parece quedarse quieto sobre ella. Lo siente removerse, ponerse de pie, gritar y reír. Ella, en cambio, solo ofrece una quietud contra natura. No le explicaron nada más. Así que vino al mundo como el resto de sillas.

Cierto que Mateo sabe que hay un vínculo especial con ella. Es fácil darse cuenta. Él sonríe cuando llega y sin que le diga nada, ella sabe que él está orgulloso. A veces, como muestra de máximo de su amor, se la cede a Clara, su novia. Es un momento mágico, de complicidad entre los tres. Es cuando el mundo explota en mil colores.

Ahora, mientras espera, su cabeza vuela. Se sabe joven aún y puede permitirse salir a viajar con la imaginación. Imagina otras niñas, otros niños, algunos más callados y tímidos. Los imagina urdiendo juegos en los que ella es protagonista. Juegan tomándola como referencia. La silla.

Ya se le oye. Llega haciendo pucheros. Como si precediera a la tormenta. Ella lo observa. El niño se para, la cabeza bien baja. La silla sigue esperando. Es un instante en el que nadie más repara. Él levanta poco a poco la vista. Entonces ve su nombre y se le escapa una sonrisa apenas perceptible. Mateo.

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