De este a oeste

by Julen

Girasoles al borde del caminoDe este a oeste. Las mañanas regalan un inmenso escaparate. El sol detrás enciende el mundo. Lo hace en silencio, sin apenas esfuerzo, sin ningún tipo de fasto. El sol inaugura el día. Ahí enfrente la inmensidad, sea lo que sea, camines por donde camines. De este a oeste.

Claro que es un regalo para madrugadores. El sol intima con quienes queremos verlo salir. Son momentos mágicos en los que la luz se recrea consigo misma y explota llena de sugerencias. Los detalles se perfilan y el mundo se hace más concreto gracias a esa luz de primeras horas de la mañana. Es un regalo que por cotidiano cuesta reconocer como tal. De este a oeste.

El paisaje parece apaciguarse al arrancar el día. Si, además, no hay viento, puede parecer que las imágenes se congelan en un tiempo que modifica su escala. Son instantes de enorme paz. Un pueblecito que aún no ha puesto en marcha su motor se despereza y ronronea. Pasas por él tratando de no hacer ruido, de no estropear ese silencio del amanecer. Tras las ventanas cientos de secretos siguen callados.

Solo tu mirada al frente tiene sentido. El pasado es difícil de percibir. Si miras atrás la luz juega en tu contra. No, ahí no hay tanto en lo que hurgar; es el futuro lo que se te ofrece. Sigue tu camino, por tanto. Aprovecha esas primeras horas del día. De este a oeste. Esa es la ruta.

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