Tienes años para odiar a tu empresa

by Julen


La razón más evidente por la cual es lógico que odies a tu empresa es porque te lo hizo pasar mal para formalizar una relación estable. Leíste en muchas partes que eras lo más importante para ella, pero bien que te demostró que era pura mentira. Los hechos son cabezones, son reales, no cabe duda. Por eso las palabras toman un cariz más falso si cabe. Las personas somos lo más importante en las empresas. Menuda estupidez.

Llegaste como becaria. Es la forma en que tienes que demostrarle a la empresa que no eres delicuente conocida. Atenta, servicial, aprendiendo en cada esquina, tus fotocopias son sabiduría cotidiana. Porque ya se sabe que haciendo fotocopias, mientras vas leyendo los textos que la máquina duplica, tú aprendes. Como becaria entraste en un mundo de oportunidades. El mundo en que demostrar que tú vales, tú vales mucho. Otra cosa es que se dieran cuenta de ello.

Después de la beca, te diste cuenta de que allá, al fin y al cabo, querían que siguieras trabajando con ellos. Nunca llegaron a explicártelo, pero tú lo comprendiste. En buena parte era «porque sí», pero también porque hacía falta más gente para todo el trabajo que había. Simple. Si no, no llegaban. Y entonces llegó el primer salto mortal con tirabuzón simple: otra beca a través de no sé qué fundación, que servía para que antes de que vieran lo importante que eras, por supuesto, costaras lo menos posible. Porque tú ya te lo temías, el coste era importante. Y cuanto menos costaras, pues mejor. ¿O es que estamos tontos? Pues claro, si cuestas menos, más probabilidades de que te quieran.

Y pudiste seguir en aquella empresa con tu nueva beca rebautizada. Y no sabes muy bien cómo, lo extendieron otros doce meses. Te habías plantado con dos años de antigüedad para conocer los entresijos y miserías de tu hogar empresarial. Claro que el mundo allá fuera podía ser peor. Eso oías a veces a tus compañeras y compañeros de estudios. Y en casa agobian lo suyo con la famosa «responsabilidad». Así que, pelillos a la mar, más vale malo conocido que bueno por conocer.

Terminaba la beca II y allí nadie decía nada. Era la última semana y tú, lo más importante de la empresa, sin saber qué hacer. Aquel jueves antes de salir, a última hora, una compañera te dijo lo de la ETT. Que no te preocupes, mujer, que seguro que sigues. Que ya he visto los papeles. ¿Cómo podía ser? Pues sí, sí podía ser. Aquel viernes antes del fin del segundo año de beca prematrimonial, un tipo al que no habías visto antes, te explicó lo de la ETT. Luego tu jefe dijo que él no sabía, que sí, que estaban muy contentos contigo, que nunca dudaron que de que te necesitaban, que sí, que sí, que allí seguías. Pero, claro, por si acaso, lo íbamos a hacer vía ETT.

ETT quiere decir empresa de trabajo temporal, por mucho que los deseos vayan en la línea de cambiar el orden de los factores, que, aquí sí, altera el producto: empresa temporal de trabajo. O sea: empresa temporal, trabajo permanente. Pero no, tú no desvarías con estas cosas. Pies en el suelo, tienes contrato de ETT. Y un día en la cafetería de la esquina te enteras de que hay dos ETTs, una mejor y otra peor. Casualidad, has dado con la peor. Pero enseguida llega el rayo de esperanza matinal. Seguramente luego, más adelante, te pasarán a la ETT «buena».

¿Por qué me habrán contratado con la «mala», si yo creo que hago las cosas bien? No te lo preguntes. Es el sistema. No hay razón. El sistema funciona independientemente de cuestiones de carácter personal. El sistema se aplica. Lo dice el PSP-01C, incluso con formato incluido PSP01-01C. Te toca la ETT mala, que es lo que dice, aunque ellos digan que no lo dice.

Y pasan otros cuantos meses. Empiezas a perder un poco la cuenta. La antigüedad crece y por eso, según consta en tu expediente, que lo tienen, pasas un buen día lluvioso de mayo a la ETT buena. El contrato viene de un correo electrónico en el que te dicen que tienes que pasar por unas oficinas allá en tu ciudad. Vas, firmas y te vas. Y esto nos pone, querida colega, en que vas a llegar a los 40 meses de relación prematrimonial. Has empezado a acuñar un odio natural, simple, sin acritud, por la empresa a la que vas todas las mañanas. Yo te entiendo.

Luego llegó el contrato de no sé qué formación, obra o circunstancias de la producción y pasados los años, sin una mancha en tu expediente… Bueno, menos aquel día en el que en una despedida de una colega de laboratorio, te pasaste con los chupitos y acabaste cantando algunas cosas obscenas de los jefecillos y otro personal de alta graduación. No pasó nada, te guardaron el secreto aunque junto a Freud todos interpretaron aquello como una realización inconsciente de tus deseos. Hay que cuidar el subconsciente, no sea que manchemos el expediente por una menudencia así. Si es que no aprendéis y luego os quejáis.

Claro que a los 6 años otra vez un jueves por la tarde -esta vez con un calor tórrido asociado al cambio climático- una becaria nueva te contó que te iban a hacer fija. ¿La becaria? Sí, la becaria nueva. Caminos complicados los que elige el señor. La becaria te dijo que ibas a ser fija. En aquel entonces tú ya habías desarrollado escamas protectoras en el corazón. Así eran las cosas allí. O generas defensas o Darwin te manda a la mierda.

Cuando, por fin, te proponían matrimonio, tú ya odiabas a tu pareja. Ahora que se había colocado en un plano de aparente igualdad, ahora lo veías claro. ¿Qué podías hacer? Quizá podías escenificar la obra hasta el soneto final y recitar tu rechazo en un sublime acto dramático. Pero tus padres, tus colegas, la sociedad, todos quedarían defraudados. En esa empresa la confianza es un valor. Lo dicen los cuadros que cuelgan en las paredes. Un valor es la confianza. Confían en ti. Les ha costado, pero al fin lo han hecho. No debes odiar a quien te da de comer. Un perro no lo haría. No seas perra.

Nota final.- Este relato no está basado en hechos reales, sólo los toma como fondo de pantalla. Además no pretende generar actitudes contrarias a las relaciones prematrimoniales. Eso sí, se incluye una imagen con guía de contenidos típicos de este tipo de formación, tan necesaria en nuestros días de perdición y falta de sentido. Eso sí, aquí por lo menos son sólo 3 meses de cursillo prematrimonial.

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4 comentarios

porfineslunes 25/02/2007 - 14:05

EXTRAORDINARIO relato, sí señor. Bravo!

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Telémaco 25/02/2007 - 21:45

Maldita sea, ¡que razón tienes!.

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jofegaber 26/02/2007 - 17:40

Oye, tu!!! has estado mirando mi expediente????…..

No si al final los designios del señor seran inescrutables……

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alvizlo 26/02/2007 - 17:56

el odio lleva al lado oscuro de la fuerza… divórciate antes de que sea demasiado tarde y estés dándole los buenos días a la pereza.

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