Innovación, radicalidad y cultura

by Julen


Actualización
.- Gracias a que mi compañera de facultad Amaia está atenta. Le había cambiado el nombre a Juan José Goñi por Alberto Goñi (y yo ya sé por qué; lapsus linguae de por medio). Corrijo el error.

No me tengo por ningún experto en «innovación«. Lo que puedo saber a día de hoy tiene que ver con la experiencia de gestión de unos cuantos años y de unas cuantas lecturas. En realidad si tuviera que confrontar innovación (radical) frente a mejora continua, mi experiencia profesional ha estado mucho más centrada en el segundo aspecto. Cuando aterricé en Maier encontré una empresa estupenda desde el punto de vista de mejora continua. Había un dinamismo impresionante. Estábamos en 1997 y mucho tiempo ha pasado desde entonces.

Siempre he considerado que las soluciones que funcionan en una empresa no tienen necesariamente por qué servir para la que está frente a ella en el mismo polígono industrial. Cercanía física a veces esconde lejanía cultural.

Cuando leo a gente como Mario López de Avila, Alfons Cornella o Juan José Goñi explicarnos herramientas estupendas para innovar reconozco que me surgen sensaciones que caminan en direcciones contrarias. Por una parte, estoy convencido de que conociendo ese tipo de herramientas y trabajándolas sobre el terreno (no sólo leyéndolas, claro está), estás en muchas mejores condiciones de tener éxito. Sea a través de TRIZ, 8x8x8 o cualquiera del variado abanico de herramientas de gestión.

Pero por otra parte, pienso en los humanos, que son quienes tienen que innovar y cambiar, y me entran dudas razonables. La primera es que quizá sobreactuamos vendiendo el potencial de las herramientras. Y la sobreactuación -la pócima mágica- levanta defensas. No entramos bien en el territorio de las personas: queremos acercarles a nuestro territorio, donde encontrarán la felicidad que no son capaces de encontrar en sus mundos equivocados. Y si entramos fuerte, más fuertes son las barreras que se levantan para resistir a los invasores. Es algo muy parecido a lo que nos pasa con los estudiantes en la universidad.

En esto creo que tiene que ver mucho la cultura local. Me refiero a esos rasgos que nos dicen «cómo es la gente de un lugar«. Por ejemplo, si te acercas a una empresa industrial de la Bizkaia profunda tienes que tener en cuenta que hay valores específicos a tener en cuenta. Si, en cambio, te acercas a una empresa de servicios con sede en Sevilla encontrarás otros bien diferentes. Y lo mismo pasa con cualquier empresa «top» multinacional: matices y matices. No digamos si el caso es innovar en una empresa de Polonia.

Aún así es conveniente conocer herramientas para ayudar a abrir las mentes -y corazones- de las personas que habitan nuestras empresas. Por eso algo que echo en falta en muchas de estas herramientas es lo que podríamos llamar «la táctica de aproximación«. ¿Cómo llevas a cabo el primer contacto? Sí, ese primer contacto para el que nunca tendrás una segunda oportunidad. ¡Cuántos proyectos se mueren en el primer contacto! El elefante en la cacharrería, pensando que su solución es «la solución».

En esta línea de pensamiento, la mejora continua tiene mejor acogida natural. Y conste que en ocasiones puede conducir a la radicalidad. La mejora continua puede resultar menos agresiva para el humano. Encaja mejor con su equipamiento de serie. Hace pensar, no conformarse con la forma en que hacemos las cosas e ir incorporando nuevas formas de hacer que no generan terremotos emocionales.

Por eso innovar radicalmente es tan necesario como mejorar de forma continua. Unos y otros deberían fundir metodologías porque las actuaciones se moverán en una escala de grises, donde los extremos, blanco y negro, son habitados muy rara vez. Las tácticas de aproximación son críticas y las metodologías deberían tenerlo en cuenta. La fase cero de cualquier proyecto debería suponer un despliege total de los cinco sentidos para comprender con qué herramienta es más fácil generar el cambio en una organización.

En mi humilde modelo necesito ideas radicales. Me sirven, sobre todo, como recurso para cuestionar modelos mentales de los que a veces no somos conscientes. Cuando uno de estos modelos mentales tiembla, las personas necesitamos compañía en el proceso de cambio. Porque la radicalidad puede dejar entrar nuevas ideas antes sepultadas en los escombros de muchos años de gestión.

Por terminar -sólo es un punto y seguido en realidad- y ya que sigo preocupado por cuestiones de género en las blogosferas, ¿no os parece que la «innovación» se presenta como un modelo masculino, de «rompe y rasga, aquí estoy yo», mientras que la mejora continua encaja más en un modelo femenino, más suave, menos agresivo y más relacional? Quizá sólo sean figuraciones mías.

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7 comentarios

Telémaco 23/01/2007 - 09:19

Muy interesante tu reflexión Julen.

Creo que estoy de acuerdo con que en la practica la mejora continua es el único camino posible. O quizás ni ese tampoco…

Personalmente en esto de gestionar el cambio me he vuelto bastante «desencantado», quizás sea causa de mi tremenda ignorancia al respecto. Pero las únicas veces que he conseguido cambiar algo con éxito (me refiero a que el cambio cambio ha persistido cuando yo dejé de aportar energía) ha sido porque iba en «nombre del rey».

En lo último que he creído es en el método socrático, pero si lo haces bien y destruyes el estado del arte actual todo el mundo se moviliza para reconstruirlo.

En fin que sólo conozco una forma de provocar el cambio: «El poder».

Perdón por mi atrevida ignorancia.

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Lula Towanda 23/01/2007 - 09:27

Respecto a los que dices de:
La innovación se presenta como un modelo masculino, de «rompe y rasga, aquí estoy yo», mientras que la mejora continua encaja más en un modelo femenino, más suave, menos agresivo y más relacional? Quizá sólo sean figuraciones mías.

Lo mismo comentaba yo en el post de la «innovación casera» (siempre en tono de humor, pero es el que me sale). Las mujeres tenemos una enorme capacidad para la mejora continúa que no se está valorada ni aprovechada.
Tenemos sentido común, somos perfeccionistas y pragmáticas. En cambio nos falta dar un paso para adelante hacernos valer y no hay nadie que nos de ese empujoncito.
No sé si mejorará en la generaciones futuras.

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Alorza 23/01/2007 - 10:11

¿Te has levantado posmoderno?

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Juan J. Lopez Sobejano 23/01/2007 - 10:47

No estoy de acuerdo con la afirmación de Telémaco de que «la mejora continua es el único camino posible». Creo que toda empresa, incluso todo sector, necesita en determinados momentos una sacudida para reorientarse. Es cierto que vivimos en la inercia y que nos cuesta el cambio, pero precisamente por eso es necesaria la innovación, o llamala revolución si quieres. Creo que está siendo bastante claro en el sector turístico, con un nuevo escenario en el que el cliente ha tomado las riendas y donde muchos empresarios no son conscientes todavía.

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m ; ) 23/01/2007 - 10:50

La peora continua
.
La mejora continua es para frenar un poco la entropía, que a veces es demasiado evidente
.
Afeitarse, uf
.
Buen día !

Responder
Juan Francisco Martínez Cerdá 23/01/2007 - 17:30

La cultura empresarial tiene que cambiar, en la línea de tus ideas radicales. Yo creo que la «empresa ajedrez», dejará de tener sentido dentro de poco.

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Julen 24/01/2007 - 09:28

telémaco, yo estoy con una cierta crisis. Pero te recomiendo como libro de mesilla de noche «La edad de la paradoja» de Charles Hnady. Al menos mitiga el dolor, aunque no cura.
lula, quizá no haya que reproducir esquemas de los hombres, sino feminizar comportamientos masculinos, ¿no?
alorza, no, es que me dormí un poco 😉
juan j., me remito a lo que le comento a telémaco. Va a hacer falta moverse con los dos modelos y tratar de no perder credibilidad en el intento.
m;), la capacidad de empeorar continuamente tiende a infinito. Sólo nos queda cambiar de carril, porque el de la «peora continua» va bien denso de tráfico, me temo.
juan francisco, interesante el símil con el ajedrez. Aunque, al final de la partida, quienes suelen decantar la victoria final suelen ser los peones porque las demás piezas se van comiendo entre ellas en el camino.

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